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Artículo
7 Sep 2009

La disciplina táctica en el Taekwondo

El artículo que les presento es una reflexión que aborda la problemática del cumplimiento de la táctica planificada durante la competencia, así como algunas consideraciones que se pudieran tener en cuenta para mejorar el cumplimiento estratégico de la táctica por los competidores, del que entiendo es un problema tanto de atletas como de entrenadores.

El Taekwondo por sus características competitivas en que las acciones combativas solo quedan interrumpidas, cuando son neutralizadas totalmente por uno de los adversarios o por la acción del árbitro producto de alguna infracción, le brinda independencia al competidor para resolver sus problemas tácticos. La independencia a la que me refiero, es el resultado de los conocimientos técnicos, tácticos y las experiencias acumuladas en los combates de entrenamientos y competitivos, que conjuntamente con la preparación psicológica, la cual está implícita durante todo el proceso, capacita al competidor para tomar decisiones individuales en el combate, sin contar necesariamente con las orientaciones de su entrenador.

Esta capacidad de resolver problemas tácticos de forma independiente para nada es negativa, siempre y cuando se realice con responsabilidad y maestría deportiva. Existen situaciones muy imprevistas que aparecen rápidamente y deben ser solucionadas en el instante, y si es posible, a mayor velocidad de la que se inició; todo ello sin poder contar con la valiosa ayuda del entrenador, momento este, en que la independencia y la creatividad táctica juega un papel decisivo en el éxito de las acciones combativas.

Estudios anteriores reconocen que las acciones generalmente duran entre cuatro y seis segundos más menos y en casos aislados han llegado hasta ocho y un poco más; en ese lapso, los procesos psicológicos respaldados por el entrenamiento recibido se movilizan y actúan prácticamente de forma instintiva, las percepciones se agudizan y reaccionan a los estímulos con los hábitos motores más arraigados, los que no siempre son los más desarrollados técnicamente, demostrándose la potencialidad real del competidor para  ese instante.

Ahora bien, existen otras situaciones que son las  producidas por las acciones técnico-tácticas que tuvieron tiempo de ser pensadas o elaboradas estratégicamente antes de desarrollarse. Cuando va a comenzar el primer asalto de un combate cualquiera, generalmente se establece una estrategia táctica de exploración para conocer las posibles intenciones del adversario, después a partir de los restantes asaltos las planificaciones estratégicas de la táctica se planifican en dependencia del desarrollo combativo. Durante ese proceso se establece un intercambio de información que está vista desde dos perspectivas: una que proviene del competidor y la otra del entrenador:

Desde la perspectiva del competidor, la información se obtiene durante el intercambio directo con su oponente, el comportamiento del árbitro con relación a ambos y las sensaciones y percepciones propias del competidor. La ventaja que aprecio de esta perspectiva es que el competidor con su desempeño combativo, puede provocar activamente la obtención de la información o captarla durante los enfrentamientos técnico-tácticos. Su desventaja es que el competidor no puede verse a sí mismo realizando sus acciones, que aunque lo puede percibir, le resulta difícil observarse sus errores estructurales. También debido a la presión psicológica que provoca el combate, se le escapan informaciones de carácter técnico y táctico de su adversario que pueden ser utilizadas a su favor.

Desde la perspectiva del entrenador, la información se obtiene de la observación crítica de todo lo que acontece en el combate, los errores y las posibilidades de su competidor y adversario, el comportamiento del árbitro, en fin, informaciones periféricas de gran valor técnico y táctico. La ventaja en este caso, se centra en la posibilidad que tiene el entrenador de sintetizar la información obtenida de ambos competidores en función de mejorar el desempeño combativo de su competidor. Su desventaja es que se pierde la información proveniente del contacto directo del combate; ¿qué entrenador no ha querido alguna vez ocupar el lugar de su pupilo en el combate?

No es necesario analizar profundamente para darse cuenta de que estos dos tipos de información, bien comprendidas, se pueden complementar una con  otra, en el sentido de que lo que no sentir el entrenador, lo sintió el competidor y lo que no pudo observar el competidor, lo observó el entrenador; y entre los dos, con la experiencia y conocimiento de ambos conformar la estrategia y la táctica a llevar a cabo en el combate. Claro está, es tarea del entrenador que el competidor quede convencido, dispuesto y alertado de lo que puede y no debe hacer en los siguientes minutos del combate; tarea difícil de ser cumplida si no existe una buena compenetración con su competidor.

Todo lo que he expuesto, nos permite aproximarnos a lo que se denomina disciplina táctica, infiriendo que cuando el competidor ejecuta o intenta tácticamente llevar a cabo con consistencia lo establecido con su entrenador, se puede decir que tiene disciplina táctica, la que concretamente defino como:

“La capacidad que posee un competidor durante el combate de intentar siempre llevar a cabo tácticamente las estrategias y las orientaciones conciliadas con su entrenador”

Cuando hablo de “intentar siempre” me refiero a “la persistencia del competidor para cumplimentar lo orientado con independencia del éxito que pudiera lograr con la acción táctica”, esta definición complementaria está dada porque se puede ser disciplinado con las orientaciones del entrenador pero no efectivo con la acción realizada para ese fin.

Ahora bien ¿qué aspectos se pudieran tener en cuenta para lograr que un competidor sea tácticamente disciplinado?

Ante esta interrogante les dejo abierta a sus consideraciones los siguientes aspectos que pueden contribuir en este sentido:

La responsabilidad ética y profesional del entrenador

Un entrenador que no respete y ame a su trabajo, jamás será respetado por su atleta; a lo mejor le temerá pero nunca lo respetará.

La planificación del trabajo técnico-táctico con relación al potencial real del atleta

La imposición de acciones técnico-tácticas que estén por encima de las capacidades reales del atleta, crean incertidumbre que aunque las cumplimenten en el entrenamiento, siempre serán incómodas para él. He escuchado con frecuencia a entrenadores quejarse de no entender por qué su atleta no hizo lo que se le orientó, si dicha orientación fue debidamente entrenada. Queda claro que la presión psicológica del combate puede llegar a limitar las acciones del atleta más experimentado y bloquearlo en un momento dado, pero cuando la orientación estratégica de la táctica se apoya en lo mejor que él sabe hacer, éste siempre va a tratar de intentarlo con un mayor porciento de seguridad que con una acción en que él no confíe. Es por ello que el control sistemático del trabajo técnico-táctico, no solo debe servir para informar al entrenador del proceso, sino, concientizar al atleta de sus progresos y deficiencias, donde resaltar lo que más le conviene para su tipo de combate y características físicas, así como mejorar lo negativo son de los aspectos más importantes a tener en cuenta.

La confianza del atleta en el trabajo técnico-táctico impartido por el entrenador

El entrenador con su trabajo y dedicación debe convencer a su atleta de la importancia del ejercicio que se está realizando; la explicación precisa de las consecuencias negativas y positivas de las acciones técnico-tácticas durante el entrenamiento y sobre todo en los combate de preparación, van convenciendo al atleta de sus posibilidades combativas y al mismo tiempo se va acostumbrando y confiando en las orientaciones de su entrenador en la medida que vea la ayuda que producen las mismas. Para el caso de los atletas necios, es mejor dejarlos que choquen con el fracaso en el entrenamiento y no en la competencias oficiales.

La exigencia del cumplimiento táctico durante el entrenamiento

El entrenador cuando imparte el trabajo táctico debe exigir su cumplimiento de forma tal que el atleta se vea precisado a realizar el ejercicio acorde a las exigencias impuestas. Esto va forjando su carácter y disciplina; por ejemplo, los ejercicios de combate con direcciones específicas educan al atleta a cumplimentar el trabajo que se le está orientando.

La comunicación de entrenador – atleta

El entrenador no debe emplear un estilo de comunicación verbal para el entrenamiento y otro para la competencia. En este sentido pienso que aunque la forma de comunicación se debe ir enriqueciendo a medida que avanza la preparación, debe mantenerse un mismo estilo para que el atleta se acostumbre a escuchar a su entrenador en cualquier circunstancia. Aquí dejo por sentado que se puede tener un estilo de comunicación común para con el grupo en general, pero para las individualidades, los estilos varían en dependencia del nivel de comunicación que se tenga con el atleta. Muy ligado a este aspecto se encuentran las relaciones interpersonales de entrenador-atleta, de lo que solo diré que cuando un entrenador lo es todo para su atleta, éste lo hace todo por él; lo demás se lo dejo a los psicólogos. Muchas veces tenemos problemas con nuestros atletas y no acudimos a los especialistas.

Las orientaciones del entrenador a la hora cero

Me refiero a las orientaciones del entrenador en el combate, donde no interesa que éste demuestre públicamente sus conocimientos metodológicos del entrenamiento deportivo; tampoco creo que el atleta le interese, en esos momentos, una conferencia de táctica o de bioquímica.

Cuando el competidor llega a la silla para su descanso, necesita primeramente, recuperarse del cansancio (Petrovski (3,184) menciona que el agotamiento físico, los dolores musculares, entre otros factores son agentes irritantes que distraen la atención del individuo) por lo que es importante dejarle al menos los primeros 20 segundos para tomar un aire y reconcentrar su energía; la función del entrenador en ese instante es ayudarlo a su máxima recuperación posible.

Después en el segundo instante darle las orientaciones pertinentes que deben ser precisas, cortas y sin presiones psicológicas que condicionen su personalidad ante el público. Finalmente dejarle un tercer instante para que el atleta concientice lo más importante de las orientaciones estratégicas de su entrenador, de lo que pienso debe ser el 100 % de las indicaciones dadas. Se puede creer que ese porciento es excesivo y pueden tener razón si se le orienta al atleta varias indicaciones con intensidades iguales, que generalmente colocan al competidor en un estado de conflicto (La psicología (2, 240) plantea que el conflicto  se produce cuando el sujeto está bajo la influencia simultánea y contrapuesta de dos o más motivos de igual intensidad) que solo puede resolver dándole prioridad a una de las orientaciones que no siempre es la más ideal. Pero si el 100 % de la orientación o cuando más el 90 %,  se centra en la síntesis fundamental para resolver el problema táctico, el atleta puede enfocar con mayor eficiencia su atención en la cumplimentación táctica indicada.

La sistematización del entrenamiento deportivo

Se plantea que la sistematización del entrenamiento deportivo es “el ordenamiento consecuente de las actividades físicas y deportivas dosificadas, así como la acción de los alumnos, propiciando la nueva actividad sobre la base de sólidos conocimientos, capacidades y habilidades que precedan las exigencias” (4,27), un principio básico bien conocido por nuestros entrenadores, sin embargo, casi siempre se comenta lo mal que llegan los atletas al alto rendimiento, los que contradictoriamente fueron seleccionados por sus resultados o cualidades relevantes.

La idea no es criticar la justa preocupación de los entrenadores de la élite deportiva, sino llamar la atención de aprovechar lo mejor que sabe hacer el atleta y enriquecerlo, perfeccionarlo y adaptarlo a las nuevas exigencias del alto entrenamiento deportivo y nunca desmantelar aquellas habilidades que le produjeron sus mejores resultados competitivos, aun cuando presenten  deficiencias, creo que es mejor sumar que restar, debido a que si a un atleta se le limita en lo que más confía técnica y tácticamente para imponerle nuevas acciones sin que éste preparado para  ello, puede llegar incluso a ejecutar con excelencia técnicamente las nuevas acciones, pero se corre el riesgo de incurrir en una indisciplina táctica por no tener la confianza suficiente para ejecutarlas bajo la presión de la competencia.

Precisamente una de las preocupaciones más comunes de los entrenadores de base, es que ellos entregan a sus atletas con habilidades y capacidades que lo llevaron a los éxitos deportivos, las cuales son disminuidas o desmanteladas cuando llagan al alto rendimiento.

Con relación a lo anterior es oportuno destacar que se debe trabajar empleando la retroalimentación del proceso para que los entrenadores del alto rendimiento indiquen, informen e instruyan a los de la base, sobre las tendencias más actuales del entrenamiento y la competencia contemporánea, lo que será devuelto con atletas de mejor calidad.

CONCLUSIÓN

Como conclusión quiero ratificar que la disciplina táctica es inherente tanto al entrenador como al atleta, pero si hay que buscar un máximo responsable, propongo que sea el entrenador, por el hecho de que es el más capacitado para desarrollar, transformar y controlar absolutamente todo el proceso del entrenamiento deportivo de su atleta.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Friedrich Mahlo (1977) La acción táctica en el Juego. Editorial Pueblo y Educación. Plaza de la Revolución, Ciudad de la Habana.
  2. González García, M. y Sánchez M. Apuntes sobre Psicología General. Material Docente, UCCF Manuel Fajardo, consultado el  7 Diciembre del 2009. Pág 240.
  3. Petrovski. A (1990) A. Psicología general. Manual didáctico para los institutos de pedagogía. La Habana, Editorial Pueblo y Educación, pág 184.
  4. Valdés García, M. y Morales Toranzo, J. (1979) Teoría y Metodología de la Educación Física. La Habana, Editorial Pueblo y Educación, pág. 27.
  5. Vallejo, M. (2002) La retroinformación como intervención pedagógica del entrenador de Taekwondo durante el proceso de enseñanza-aprendizaje, en un área de iniciación deportiva del Municipio 10 de Octubre. Trabajo de diploma, la Habana, ISCF “Manuel Fajardo”.

Autor: Roberto Fernandez Fonsecas
Exclusivo para www.sobretaekwondo.com

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